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El pensamiento estratégico del Líder
Los mensajes en la botella de Juan Domingo Perón

Escribe: Pablo Armando Topet

Buenos Aires, 1 de julio - Juan Domingo Perón es la personalidad política más importante en Argentina, y, el presente verbal es premeditado, es que su “presencia” (así se percibe aún no estando físicamente) no encuadra en las categorías usuales que tenemos a la mano. Líder de los pobres o demagogo y villano, astuto populista, fascista o nazi, todas las calificaciones han sido de uso. Lo cierto es que en ninguna encaja bien cuando se repasa su pensamiento -al que se accede con su obra impresa, pero también a la de los discursos (que fueron muchos y buena cantidad en la casa de los trabajadores o ante trabajadores)- y por supuesto las políticas que promovió y que en buena medida logró hacer efectivas.

Pero hay en todo ese conjunto un “mensaje en la botella” arrojado al futuro -que es hoy- y el mensaje creo que dice: es inaceptable moralmente no intentar las justicia social en una sociedad y esto no es posible sin organizaciones sindicales y sin solidaridad. Ahora bien, en parte Perón tuvo suerte o un talento insuperable puesto que logró hacer cambios “radicales en paz” que se encaminaron a cumplir el sueño de la botella.

Dos hechos son relevantes para juzgar los “resultados” de las políticas sociales del peronismo -del llamado histórico-: la primera, la inclusión en la sociedad de los más postergados -de los llamados cabecitas negras-; la segunda, la inclusión de las mujeres en el sistema político con el derecho al voto. Perón “mete” en la economía y en la política como ciudadanos a los, hasta su llegada al poder, excluidos. Hace, no creo que pueda calificarse de otro modo, una verdadera “revolución en paz”.

Por cierto no puedo dejar de tener presente que estas afirmaciones no son compartidas por un sector de los argentinos; y por cierto que esto puede estar vinculado a ser peronista o no -no serlo y tampoco compartir esa visión del papel de Perón en la historia-, de todos modos estimo que no es sensato desconocer ese fenomenal aporte hecho a la equidad en tiempos donde, paradójicamente, el sistema social y las políticas públicas de gobiernos no peronistas expulsan y excluyen a trabajadores y mujeres pobres con precisión de relojería.

Táctica y estrategia
Perón introdujo en la política la distinción entre estrategia y táctica, suponiendo que había una doctrina o cuerpo de ideas que debían plasmarse al final del camino. Tenía una visión del mundo, un panorama de los hechos más relevantes, y formuló hipótesis para actuar en “su presente” y para advertir a quienes debieran hacerlo en -en aquellos tiempos- el futuro. Como adelantamos, hay aportes, legados para trabajar por la igualdad y la justicia. Tan sólo a modo de invitación para conocer -y utilizar o inspirarse en su caso-, nos trasladamos al pasado y escuchamos lo que les decía a trabajadores cordobeses en la Residencia de Olivos, en 1974, sobre el modo de administrar un sindicato: “Que nadie meta las manos en el sindicato, porque de esa manera da lugar a que después todos quieran meterlas, y ese es el mayor peligro para una organización sindical. La organización debe ser manejada, gobernada y mantenida por los propios dirigentes sindicales. Nadie lo hará, en reemplazo de ellos, de forma tal que la organización tenga nada que agradecer.”

Pero esto no era suficiente para garantizar el cumplimiento de sus fines -más justicia social- y para ello la participación como factor de influencia política; “La realidad de una organización y la de una comunidad organizada esta representada precisamente, por esos factores de poder que se equilibran, para que nadie pueda declararse dictador o querer gobernar por si.” Y, “Para que eso pueda realizarse y pueda seguir siendo factor de poder, las organizaciones sindicales deben mantenerse monolíticamente unidas.”

Rescataba el valor de la autonomía cuando hablaba de la acción de las organizaciones, y esto decía: “La política sindical la fijan los trabajadores, y yo tengo que respetarla, aunque no me guste. Por eso me han puesto a mi aquí.” El mensaje -o la confesión eran claros- a todo gobernante le interesa contar con el apoyo de los sindicatos -y seguramente lo tendrá si promueve políticas progresistas- pero cuando no lo tiene, debe respetar aquella autonomía.

Estas herramientas de cambio, las ideas que por detrás dotan de sentido la actividad gremial de los sindicatos, la existencia necesaria en todo sistema democrático que presuma de dar respuesta social al resultado de las combinaciones económico sociales que cada coyuntura histórica depara, requiere de organizaciones de trabajadores que asuman en plenitud el mandato de contribuir a la justicia y a la igualdad.

El hombre bueno
Juan Domingo Peron “metió a la mitad de la población” en la “ciudadanía”; no es poco y por eso algunas fidelidades jamás pudieron ser socavadas, al margen de los reproches -algunos no menores- sobre los modos institucionales o sobre los itinerarios personales o sobre los pícaros seculares -amigos del poder con independencia de todo otro condimento- que nunca faltan como enseñan 3000 años de historia.

El “mensaje en la botella” de Perón es para los trabajadores, es para los jóvenes, es para las mujeres, es para los empresarios, es para los gobernantes, es para los políticos, es para los intelectuales, es para los que han vivido muchos años, es para los que creen y para los que no creen; a pesar de los “sapos”, a pesar de la “comedia humana” y de los “abrazos fingidos” y no es otro que el de aquella justicia social con organizaciones sindicales solidarias al que hay que sumar una maravillosa imagen de lo que esta bien, la pronunció en 1974, en la Confederación General del Trabajo, en nivel superior: “Esos mejores hombres no son, precisamente, los que más saben sino los que más valores morales poseen. Porque en el hombre lo importante es que sea bueno.”

El “mensaje de la botella” es el sueño de Perón y no estaría mal cumplir el mandato de “los sueños hay que apurarlos”: una sociedad justa, equitativa con trabajo digno y con “hombres buenos”. Ese es el legado de Perón.


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