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Reflexiones sobre el ayer con una mirada actual
PERÓN-VANDOR: ¿una fórmula actual?

Escribe Lucio Garzón Maceda, consultor laboral, especial para Noticias Gremiales.com

En época de fórmulas, imaginemos Perón- Vandor… Perón, el Jefe; Vandor, uno de sus alumnos, discutido, poderoso y “ninguneado”, muerto el 30 de Junio; Perón, el 1º de Julio, de distintos años.

Recordados hoy, a la sombra de actualísimos populismos neo-peronis-tas y, para algunos, neuro-lacanianos que re-acondicionan el imaginario de los “nuevos jóvenes”, proclives algunos hacia lo que casi no-fue…

Conversamos con Vandor, en Córdoba. Ante la proscripción al peronismo, -su pensamiento heterodoxo y oxigenado atraía (*); él decía: “…si pudiéramos introducir una sola frase en el Estatuto de los Partidos Políticos, aseguraríamos el control sindical del partido; un renglón,… sólo uno…”. Pragmatismo con contenido transformador, con matices trotskisantes… El renglón a introducir sería “…que el domicilio electoral del votante trabajador, fuera, indistintamente, tanto el domicilio real, familiar, como también el domicilio de trabajo”. La conclusión obvia: “…Ningún dirigente sindical peronista, nunca, perdería una interna… El partido seria de los sindicatos”.

Para ese entonces, los sindicatos todavía no habían impuesto a Perón la formula Framini-Anglada, lo harían un año después... En Madrid, en Marzo del 62, al día siguiente de las elecciones, Perón me dijo, al felicitarlo: “ese triunfo no es mío; se los debemos a los muchachos… Se lo impusieron las 62 con Vandor y Olmos, a la cabeza…”. Días después… caía Frondizi…

Otra vez, detenido en Córdoba, el día que a la salida de Tribunales, una bala perdida casi mata al mismísimo Charles De Gaulle, Vandor volvía a expresar sus deseos de reforzar el accionar político de los sindicatos.

La última vez, en Bs. As., Junio de 1969, días antes que lo asesinaran.
Con Perón, me empalagué cuatro veces, 1962 (enero y marzo), en el 1965, y en octubre de 1969; en esta última, cinco meses después del Cordobazo, junto a un ahijado político, Juan Manuel (Chiche) Montes, hijo y sobrino de sus camaradas en el GOU, diputado nacional en el 46; Montes podría haber sido -pensando en la globalidad del peronismo y pensando en Perón-, el acompañante del común amigo Ricardo Obregón, en tanto Atilio, primer diputado nacional continuaría haciendo lo que más sabía, secretario general de CGT. Los grandes absolutos lo impidieron.

Volvamos a Buenos Aires, Junio de 1969. Con Vandor, la última semana de ese mes, de regreso del Sur, Fernando Torres, su abogado, me transmite que el secretario de la CGT deseaba hablarme. Prudente, suave, pero exultante. “…¿Qué quieren Uds. los cordobeses? (después del cordobazo)”, me preguntó, sonriéndose. “Queríamos debilitar a la dictadura; creemos que algo se logró”, le respondí. Y ante mi respuesta prosiguió: “…gracias a Uds., los cordobeses, estamos en vísperas de cerrar un acuerdo histórico para los sindicatos. Si las cosas salen bien, vamos a tener (los sindicatos) más poder, incluso más poder que en la época de Perón...”. (**)
Cinco días después, el 30 de Junio, lo asesinaban. Uno de los proyectos en discusión, según algunos, era la ley de Obras Sociales. Se apuntó al hombre indicado clave, en el momento oportuno; una decisión de un poder mayor, ¿infiltrado?. Una alianza sindico-militar, en el apogeo de los poderes respectivos, ¿era demasiado peligrosa para los intereses regionales del imperio?

Vamos a Madrid, Octubre de 1969. Fueron tres reuniones a fines de octubre del 69, con muy buen clímax; por ello, me animé hacer la pregunta del millón: “…General ¿que paso realmente con Vandor…?” Me respondió:… “…contra lo que dicen los estúpidos, yo ya no tenia ningún problema con Vandor. Yo aclaré todas las cosas con él, en enero (1969) en Hendaya, ahí todo se aclaró…”. Hizo una pausa y vino el postre: “…Pero claro, con la CIA, es difícil,…m’hijo es difícil…”. “El que se mete con ella…”.

Y basta. Después me entregó dos cartas: una para Elpidio Torres y otra para Obregón Cano. En la carta a Torres es una de las pocas oportunidades en las que elogia la rebelión cordobesa.
Un sabiondo decía que “…en política la menor distancia entre dos puntos no es la línea recta, como en matemáticas, porque si así fuera,… a la política la harían las cocineras…”. Perón señaló al instigador con una sombra de certeza. ¿Perón era consciente que él podía ser víctima?.

Dejando de lado posiciones políticas y críticas ideológicas, es válido una conjetura: con el sindicalismo intacto, con un Ongania moribundo, a la luz de los incendios del Cordobazo, una alianza con un sector nacionalista “azul” ¿era posible? ¿ si se hacía, lo debilitaba a Perón? A los EEUU les convenía Ongania, de ninguna manera el “nasse-rismo latinoamericano”. ¿Podría convenirle a Perón?

Casi el mismo mes, en Julio del 74, (¿la Cia, vía Lopecito?), ¿Le aceleraron la muerte a Perón?…

La lectura tampoco es lineal. En estos días, reflexionemos…

* La conducción mayoritaria de la CGT de Córdoba, desde 1957- la Falda- hasta el 69-el Cordobazo-, fue casi siempre la negociación, como continuidad del combate, “unidad en y para la acción”, por más justicia y por el retorno. Como diría un chino,:… “…Con la lanza por almohada, a la espera del alba…”

La conducción de la UOM de Córdoba, con Carrasco y Simo, en la ortodoxia, -apoyaba al Framini de la 1er. época; por el otro lado, la CGT conducida por el Smata, Elpidio Torres, UTA de Atilio López con la alianza de Luz y Fuerza con Tosco, -la mesa de tres patas-, en sintonía fina, con Augusto T. Vandor y con Olmos.

Córdoba tenia un ADN con mucho de heterodoxia y apuro, con desconfianza a las distancias y a los intermediarios demasiado ortodoxos…

** Una de leyes en discusión, según algunos, era la de Obras Sociales…


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