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Las grandes obras perduran en la memoria de los pueblos
En recuerdo del estratega del pueblo
Escribe Juan Carlos Ponce, secretario general del Sindicato de Obreros del Caucho, Anexos y Afines, especial para Noticias Gremiales.com |
| El paso de los años y la experiencia de nuestra sociedad ha dejado en claro que la vida política argentina modificó de manera determinante su curso con la irrupción del General Juan Domingo Perón. Y me permito decir “determinante”, porque la relevancia de este hombre residió no solamente en la incorporación de los trabajadores en la participación directa del producto del trabajo nacional, sino en el diseño de una estrategia de crecimiento para la Nación que trazó los ejes fundacionales de una Argentina moderna, fuerte y dinámica, pensada para 50 años adelante y fiel a aquel famoso vaticinio de que “El año 2000 nos encontraría unidos o dominados”. |
Demás está decir qué pasó cuando el comienzo del fatídico siglo XXI la Argentina, víctima de 25 años de recetas diseñadas en el extranjero o de tibiezas en el manejo de la cuestión pública y decididamente enfrentadas a la racionalidad con sentido social del peronismo, quedó al borde la quiebra.
Pero como las sociedades no se suicidan, como sabía decir el General, la memoria colectiva se despertó después de la larga experiencia vivida desde su muerte acontecida aquel 1ro.de julio de 1974 y lentamente el pueblo volvió a mirar para arriba, soportando la brutalidad de las dictaduras y la inoperancia del liberalismo político, reeditan-do otra forma de resistencia sustentada en la presencia de los gremios en los diferentes frentes de lucha, la reivindicación de los hechos concretos implementados por el pero-nismo en el país y el sostenimiento de las bases de una cultura nacional y popular que está sólidamente arraigada en la mayoría de los argentinos.
Las grandes obras perduran en la memoria de los pueblos que tienen a la paciencia como una característica pariente de la sabiduría. Y ninguna construcción visible y perdurable a pesar de los maltratos recibidos, deja de tener la impronta iniciada en el 45.
La creación de la aerolínea de bandera, la energía nuclear, la flota marítima, las grandes acerías, los complejos habitacionales y de esparcimiento, la recuperación de los ferrocarriles, las rutas, los centros hospitalarios, la presencia soberana en el exterior, las leyes laborales consagradas en la Constitución Nacional, el cuidado de la infancia y la vejez, las políticas de salud sustentadas en la prevención, el alto grado de instrucción y el acceso del pueblo a la educación en todos sus niveles, hablan claro de una vocación política e ideológica que perdurará en el tiempo que nos hace pensar lo que San Martín decía de sus granaderos: “Podrán igualarnos, pero superarnos jamás”.
Desde la muerte del General, mucha agua ha pasado por el río y el agua que pasa una vez no vuelve a pasar, pero el río queda y hoy la clase trabajadora vuelve a ser una protagonista trascendente de este modelo implementado desde 2003, habiendo demostrado su importancia estratégica nuevamente. A veces, desde la política, se percibe un cierto resquemor hacia los trabajadores organizados, quizás porque se perciba que sus métodos no se ajustan tanto al debate como a la reivindicación concreta del que menos tiene, o quizás por en ellos resida una visión sin demasiadas vueltas como la de los especialistas en negociar espacios.
Lo cierto es que es imposible concebir el modelo de la Argentina actual sin el apoyo comprometido del que trabaja, porque reside en su esfuerzo el crecimiento del proyecto industrializador que hoy intenta el país.
Y es aquí donde nuevamente la figura genial de Perón vuelve a aparecer, como aquel 17 de octubre de 1945 cuando dijo que sólo quería “Hacerles la vida un poco más feliz a los argentinos”, consiguiendo su objetivo al centralizar sus políticas en los trabajadores.
Como hombre del pueblo y de provincia, como dirigente gremial y viejo militante, sólo tengo palabras de agradecimiento para el General y la querida Evita, ese fuego que lo acompañó hasta extinguirse a los 33 años.
No se trata de un discurso nostálgico sino de reivindicar un proyecto estructural para mi pueblo y sus hijos, un proyecto que hoy, a la luz de un tiempo de gloria, vuelve sobre sus pasos y al que la clase trabajadora siempre acompañará con valentía y planteando su pensamiento, ese que en este nuevo aniversario sigue diciendo: ¡PRESENTES MI GENERAL! |