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POEMA FIEL

Por Juan Oscar Ponferrada (1950)

Señora de esta tierra, donde su nombre crece
como en la tierra crece la fe del sembrador.
Señora de esta Patria, donde su amor florece
con la virtud del trigo sembrado en el dolor.
Por cuanto lo que puedo decir siempre lo digo
con la rudeza llana de un canto de labranza,
permítame ofrecerle como un brazal de trigo
estos versitos lentos que escribo en su alabanza.
Estos versitos simples que en su alabanza escribo
mientras hojeo el álbum de nuestra libertad,
en donde está su pueblo como un recuerdo vivo
latiendo con el pulso de la fidelidad.
¿Se acuerda de los días en que nos conocimos
y en que usted a su pueblo miró en el corazón?
Eran días oscuros y, sin embargo, vimos
muy clarita en sus ojos la patria de Perón.
¡Qué espejo de ternura tuvo para mirarse
aquella muchedumbre cuando la vio llegar!
¡Qué espejo de justicia para reconquistarse!
¡Qué espejo para verse feliz hasta llorar!
La miro, como un sueño que la ansiedad descubre,
y en la semana aquella tan dolorosa y fiel,
la miro floreciendo como un rosal de Octubre,
floreciendo en los sueños de nuestro Coronel.
¿Se acuerda de esos días en que era una osadía
querer la Patria libre y justa y soberana?
¿Cuándo mostró las uñas la vieja oligarquía
y se lanzó a las calles gritando tan ufana?
¿Se acuerda cuando aquel embajador obeso
juntó a los galerudos de copa y etiqueta
y organizó la marcha de Plaza del Congreso
que como marcha fúnebre se fue a la Recoleta?
¿Y cuándo aquella tarde salieron pregonando
tras el famoso “pic-nic” de Plaza San Martín,
que la Suprema Corte iba a tomar el mando
como si el mando fuera tomar un copetín?
¡Qué lucha, Madrecita, la de la gente pobre!
¡Si era aquello, Señora, como para aflojar!
Ellos con tanta banca, nosotros sin un cobre;
parecía imposible volverlos a parar.
Sin embargo lo hicimos. Cumplimos su mandato
difundiendo el sencillo mensaje de su fe
y escribiendo con tizne (¡carbón descamisado!)
un apellido mágico que empezaba con P.
¡Qué lucha, Madrecita, pero al final ¡primeros!
¡Y cómo! ¡Menos mal que habíamos sido pocos!
Eramos “cuatro locos contra el país entero”
y ahora somos la Patria contra unos cuantos locos…
Unida a esos recuerdos miradla ahora, os ruego,
como la más exacta ecuación del valor:
lirio de la justicia con estambres de fuego,
fuego de las batallas con vocación de flor.
Yo que soy su soldado la miro como un sueño,
como un ensueño heroico que la ternura encubre:
¡María de esta Patria de corazón trigueño,
Eva de la esperanza que floreció en octubre!


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