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Quien quiera oir que oiga Evita era esencialmente peronista
Escribe, Jorge Carman, secretario del Sindicato Obreros del Caucho, Anexos y Afines, especial para Noticias Gremiales |
El 26 de julio de 1952, a los 33 años, moría en Buenos Aires una de las mujeres más relevantes de la historia contemporánea: María Eva Duarte de Perón.
Los “jirones de su vida” que fue dejando en la construcción de su sueño, materializado en su compromiso concreto con los humildes y los trabajadores, le abrieron esa puerta a la Eternidad que sólo puede brindar el afecto de un pueblo que reconoce en sus líderes a quienes desde el pragmatismo tratan con amor.
La trascendencia de Evita le dio dimensión internacional a su figura distinta y distante de cualquier modelo de mujer precedente y fue a partir de aquella famosa ópera de los ingleses Arnold Lloyd Weber y Tim Rice -quienes naturalmente nunca podrían haber entendido un fenómeno de esta naturaleza en su verdadera dimensión- los que lo proyectaron mediante una lograda distorsión, donde parafraseando a Discepolín, juntaron alegremente la Biblia y el Calefón colocando un tema pegadizo que la introdujo de manera fantástica en todo el Planeta, amarrándola al sacralizado Che Guevara, hoy presente en el revolucionario mundo iconográfico del merchandising y el tatuaje.
En otra aventura de promoción perversa, siempre vista desde la óptica miope anglosajona y en el mejor estilo de un negocio hollywoodense, llegaría la película de Madonna para ahondar en el prejuicio y depositar en la pantalla la idea de una mujer ligera y calculadora. Una vergonzosa tarea que deleitó como nunca a nuestra huestes de mordisquitos.
Distorcion
Aquí en la Argentina la distorsión va por otro camino, ya que tratándose de una cuestión interna, merecería, al menos, un asidero de carácter histórico. Me refiero concretamente a esa idea que nace con en los 70 de diferenciar a Evita con Juan Perón , tratando de darle a ella carácter eminentemente “revolucionario” y poniendo la figura de Perón en un plano de menor compromiso, o sea más negociador, fluctuante y político, dejando trasuntar una menor frontalidad y falta de “pureza” ideológica. Una valoración que en vida, le hubiera producido a Eva un enojo del calibre de su temperamento.
Esta visión ligera carece de todo sustento y, fundamentalmente, no respeta las fuentes de la historia argentina, en donde no hay un solo documento escrito o audiovisual en el que halle un atisbo de diferencia política e ideológica con su líder y marido. Evita vivió y murió por el proyecto creado por Perón. Creyó profundamente en el mismo y se sintió desde un primer momento esencialmente peronista. No hay nada que pueda distorsionar esta idea si la tratamos a partir de la verdad.
Para el mundo exterior se hace difícil comprender este fenómeno social que es el peronismo. Se lo confunde mal y se lo asocia mal, se lo descontextualiza y se lo compara con maledicencia desde una perspectiva liberal y europeo centrista que ha calado hondo en los puntos de vista del antiperonismo y de aquellos que apuntan a desmoronar los referentes históricos de este singular y amplio movimiento popular, estimulando la idea de una Evita imaginaria, más ligada a una épica diseñada como una táctica comunicacional que al profundo sentimiento de afecto que subyace en tres generaciones que supieron de su gravitación viva y muerta, a partir de su accionar en un proyecto transformador no mesiánico.
Vaticinio
Evita vaticinó que volvería y sería millones. Seguramente no alcanzó a prever que después de su propia muerte y la de su amado esposo, compañero, jefe ideológico y constructor del peronismo; su compromiso con el pueblo sería valorado con tantos matices desde tantos sectores que, en muchos casos, pierden de vista que el eje de su pensamiento expresaba la síntesis de la acción del Estado orientado, fundamentalmente al bienestar del pueblo y la grandeza del país a partir del gobierno peronista.
Frente a este asunto, quienes seguimos pensando que la única verdad es la realidad, debemos ajustarnos a las fuentes legítimas de la historia argentina, esas que superan la más sesuda y elaborada de las interpretaciones: Evita era esencialmente peronista y su jefe político fue siempre el General Perón . Quien quiera oír que oiga! |