
El 26 de Julio de 1952 dejó de existir la mujer más importante de la Historia Argentina
Mi homenaje a Evita, la Jefa Espiritual de la Nación
Escribe Adriana Costa de Arguibel, secretaria de Prensa del Sindicato Único de Trabajadores del Espectáculo Público, especial para Noticias Gremiales
Cada aniversario de la muerte de María Eva Duarte de Perón, desde mi lugar de sindicalista, trato de encontrar palabras nuevas para expresar el dolor tan profundo que nos sigue provocando su pérdida, aunque estoy segura que a Ella le hubiera gustado que la recordemos de otra manera, por eso me permito citar sus palabras: “He dicho que no me guía ninguna ambición personal. Y quizás no sea del todo cierto. Sí. Confieso que tengo una ambición, una sola y gran ambición personal: quisiera que el nombre de Evita figurase alguna vez en la historia de mi Patria. Quisiera que de ella se diga, aunque no fuese más que en una pequeña nota, al pie del capítulo maravilloso que la historia ciertamente dedicará a Perón, algo que fuese más o menos esto: Hubo, al lado de Perón una mujer que se dedicó a llevarle al Presidente las esperanzas del pueblo, que luego Perón convertiría en realidades. De aquella mujer sólo sabemos que el pueblo la llamaba, cariñosamente, Evita”.
Génesis
María Eva Duarte, conocida como la Abanderada de los humildes, nació el 7 de mayo de 1919 en la localidad bonaerense de Los Toldos. Sufrió el dolor de la injusticia desde que nació ya que fue hija no reconocida de Juan Duarte, un poderoso estanciero. Su padre falleció cuando Evita tenía seis años y vivió una infancia de pobreza junto a sus hermanos y su madre, Juana Ibarguren.
Con tan sólo 15 años se trasladó a Buenos Aires buscando convertirse en actriz, sola, sin recursos ni educación, se enfrentó a un mundo hostil cuyas reglas desconocía. Pero triunfo y llegó a actuar en algunas películas, aunque fue más conocida en la radio.
En enero de 1944 conoció al coronel Juan Domingo Perón en un festival que la comunidad artística realizaba a beneficio de las víctimas del terremoto de San Juan. Un año más tarde contrajeron matrimonio en una ceremonia íntima.
Tenía 26 años cuando abandonó su carrera artística para volcarse a la vida política argentina. Desde entonces hasta su muerte, solo siete años después, trabajó sin parar por lo que creía fanáticamente: dar una vida digna a los que llamaba sus “descamisados” y combatir a quienes veía como enemigos del pueblo.
La Justicia Social tuvo en Evita a su máxima luchadora y uno de sus objetivos fue el de superar las desigualdades económicas y sociales, reemplazando la Argentina de la injusticia y la explotación por la comunidad organizada, justa y solidaria del peronismo.
El Estatuto del peón, los derechos del trabajador, de la ancianidad y de la mujer, el voto femenino, los convenios colectivos de trabajo, las leyes de previsión social, de accidentes de trabajo, de vivienda obrera, el sueldo anual complementario, la mutualidad sindical, la capacitación de los trabajadores, las vacaciones pagas, las proveedurías sindicales, etc., son solo una pequeña parte de la enorme legislación social que promovió.
Con el Sutep
Demostrando una vez más que la unión es la fuerza de los trabajadores, Evita junto al General Perón hicieron posible la unificación de todos los trabajadores del espectáculo público que por aquel entonces se encontraban representados por pequeñas organizaciones sindicales, dando así origen al Sindicato Único de Trabajadores del Espectáculo Público (Sutep) .
Entre todos sus nobles e innumerables gestos, está su mediación para el otorgamiento del subsidio con el que el Sutep consiguió comprar su primera sede social en la calle Pueyrredón al 1700 de la Ciudad de Buenos Aires.
El Sutep, como representante de los trabajadores del Espectáculo público, guarda un inmenso reconocimiento a quien fuera la mujer más importante para el movimiento obrero argentino.
Distinción
Algunos podrán estar de acuerdo o no con Eva Perón, pero lo que nadie puede es negar todo lo que hizo. Sus obras de bien a favor de los más necesitados, acompañando siempre a su esposo, el General Perón, trascendieron las fronteras para llegar a todo el mundo.
Evita falleció el 26 de julio de 1952 a los 33 años. Su velatorio duro 14 días, mientras el pueblo la acompañó y la lloró desconsoladamente, y desde entonces no la abandonó jamás.
Tras años de traslados y usurpaciones, sus restos yacen en el Cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires, en la bóveda de la familia Duarte, visitada por cientos de turistas de todo el mundo que preguntan por ella todos los días.
En el mensaje radial en el que se informa la muerte de Evita, ella es nombrada como "Jefa Espiritual de la Nación", un detalle en el que no todos reparan, considerándolo un simple apodo. Sin embargo, éste es un título oficial, que le fue otorgado por el Congreso Nacional, en una votación especial llevada a cabo el 7 de mayo de 1952, casi 80 días antes de su fallecimiento. Cabe aclarar que esta distinción no se le volvió a otorgar a ninguna otra persona en la Historia de la Argentina.
El ímpetu de su lucha por los humildes seguirá reinando y el día que en la Argentina ya no existan pobres, no sólo se habrá concretado su sueño y el de los trabajadores, sino que su pensamiento y su voz seguirán, como hasta ahora, latiendo todos los días en los corazones peronistas. |