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17 de Octubre de 1945: La síntesis
Escribe Jorge Carman, investigador histórico, editor asesor de Prensa del Sindicato Obreros del Caucho, Anexos y Afines, especial para Noticias Gremiales

El episodio del 17 de Octubre de 1945 es sin lugar a dudas una bisagra en la historia argentina. El “subsuelo de la Patria sublevado”, como expresara el escritor Raúl Scalabrini Ortíz, se hizo presente con una contundencia inusual y hasta inesperada, dando origen al Peronismo y a lo que se dio en llamar Segundo Movimiento Histórico, considerando al radicalismo yrigoyenista el depositario de las acciones que convergieron en la primera fase de movilización de las masas populares y que llevaron al poder mediante sufragio a don Hipólito Yrigoyen en 1916.

El cimbronazo acontecido en aquella Argentina mezquina para el trabajador, ausente entre los desposeídos y dispendiosa para los ganaderos; enan-cada en una mixtura liberal- conservadora bendecida por una Iglesia oficial, más atraída por los tronos y poderes convencionales que por los Cristos descalzos de la pobreza, desco-locó a una oligarquía de campo rica y altanera y a importantes sectores de la burguesía criolla que habían “pelechado” como comerciantes, profesionales, empleados calificados y dueños de las fábricas y talleres de la incipiente industria nacional, estimulados por un discurso cultural creador de una metáfora grotesca de Europa, con sus usos, costumbres y patrones impostados, en muchos casos hasta la ridiculez e iluminados por el “progreso sin límites” de la llamada “Gran Nación del Norte” o lo que hoy conocemos como Estados Unidos.

Similitud
Como reiterando aquella asonada del 5 y 6 de abril de 1811, cuando 1500 labriegos asentados en los pagos de Lomas de Zamora, encabezados por el alcalde de Quintas, Tomás de Grigera, se presentaron ante el Cabildo para pedir su reconocimiento como “vecinos” y protagonistas de la Revolución de Mayo, haciendo valer su participación en las milicias que echaron a los ingleses en 1806 y 1807; aquél 17 de Octubre fueron centenares de miles los que acudieron a la Plaza de Mayo, otra vez, para hacerse escuchar y dejar en claro que había otro país más allá de la miopía política reinante.

Y fueron las masas rebeladas -donde gravitaría una mujer inolvidable-, esas que estaban conformadas por los hijos abandonados de las provincias y los inmigrantes pobres que habían sido convocados a fines del siglo XIX a desarrollar la industria sin encontrar la Tierra Prometida ni las bondades del trabajo ofrecido, los que ungieron a un coronel pragmático y sensible, comprometido con su pueblo y su larga lucha por existir dignamente, lo que produciría la síntesis plasmada en pocas palabras al finalizar aquella conmovedora jornada, cuando con su voz campechana y contundente dejó en claro: “Yo sólo quiero hacerles la vida un poco más feliz a los argentinos”. Unos meses más tarde la consigna fue laudatoria: Braden o Perón.

Complejidad
La complejidad de la Historia se define mediante las síntesis y éstas trascienden cuando producen cambios estructurales. La del 17 de Octubre fue una de ellas. A partir de ese momento el principio de acción y reacción se agudizó hasta límites que no hace falta mencionar por consabidos, pero que dejaron en claro hasta qué punto puede llegar la virulencia de una contraofensiva cuando los sectores populares reclaman participación y ocupan espacios con la fuerza del trabajo y el sentido de pertenencia a una Nación.

Tuvieron que pasar 135 años desde que se decidió el autogobierno para comprender que los pueblos apuntan naturalmente al bien común, con sus dudas, idas y vueltas, aciertos y contradicciones; que las derrotas fortalecen a las mayorías y que dentro de éstas los trabajadores son un sostén determinante porque no hay en ellos más interés que la defensa del espacio común donde nacen y se desarrollan y de donde nunca se van a ir, o sea la Patria o Matria, como quepa la palabra en el corazón de cada uno.

Ese es el principal legado de esta fecha que ha superado los intentos de desvirtuarla, la voluntad de minimizar su perspectiva histórica y la consistente deformación cultural de sus consecuencias, porque el 17 de Octubre fue en esencia una jornada alegre donde la conciencia colectiva del pueblo despertó con una energía irrepetible que aún sigue irradiando expectativas y deseos, que ameritan el más grato de los recuerdos para sus dos grandes impulsores y para aquellos que supieron entender que había llegado, después de tanto tiempo, la hora del pueblo.


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